Yadira Narváez Marín, nacida en 1985 en Florencia (Caquetá), es una de las asesinas en serie más letales de la historia criminal reciente de Colombia. Conocida popularmente bajo los alias de «La reina de la escopolamina» o «La Burundanguera», fue declarada culpable de asesinar a entre 5 y 6 hombres de avanzada edad en departamentos como Huila, Caquetá, Tolima y Putumayo durante el año 2011. [1, 2, 3, 4]
A continuación se detalla su perfil criminal y psicológico con base en su modus operandi e investigaciones judiciales: [1, 2]
1. Perfil Criminal
- Tipología de Asesina: Asesina en serie del tipo instrumental/lucrativa. Su objetivo principal no era el placer sádico intrínseco de matar, sino la ganancia económica (el robo de las pertenencias y ahorros de sus víctimas). Según la clasificación criminológica tradicional de Holmes y DeBurger, encaja perfectamente como una asesina orientada hacia el beneficio (comfort killer). [1, 2, 3]
- Modus Operandi:
- Captación: Utilizaba la seducción, la manipulación y la confianza. Abordaba a hombres mayores en establecimientos comerciales o terminales de transporte, ganándose su afecto o interés sentimental en poco tiempo.
- Ejecución: Una vez lograba el acceso a la intimidad de las víctimas (en sus viviendas o lugares aislados), mezclaba una dosis letal de Carbofuran (comercializado como Furadán) en bebidas alcohólicas o alimentos. A pesar de su alias mediático («reina de la escopolamina»), los análisis forenses demostraron que empleaba este potente insecticida agrícola para asegurar la muerte rápida de los sujetos y no dejar margen de defensa.
- Consumación: Tras el deceso, despojaba el lugar de dinero en efectivo, joyas, tarjetas de crédito u otros objetos de valor y huía sin levantar sospechas. [1, 2, 3, 4, 5, 6]
- Selección de Víctimas: Hombres mayores de edad (generalmente entre los 50 y 66 años) que vivían solos o en condiciones de vulnerabilidad relacional. Elegía deliberadamente este perfil porque eran blancos fáciles de persuadir mediante engaños sentimentales y tenían menor capacidad de resistencia física o sospecha. [1, 2]
- Zona de Operación: Itinerante. Desplegó sus crímenes en el sur del país cubriendo los departamentos de Caquetá, Tolima, Putumayo y Huila, lo que dificultó inicialmente la interconexión de los casos por parte de las Fiscalías seccionales. [1]
2. Perfil Psicológico
- Rasgos de Personalidad Antisocial (Psicopatía): Manifestaba una notable ausencia de empatía, remordimiento o culpa hacia el sufrimiento y fallecimiento de sus víctimas. El valor de la vida humana estaba completamente subordinado a su interés de lucro personal. [1]
- Alta Capacidad de Manipulación y Seducción: Poseía habilidades sociales agudizadas que le permitían mimetizarse y simular afecto, vulnerabilidad o interés romántico genuino. Esta fachada de «mujer inofensiva» anulaba por completo el instinto de alerta de los hombres escogidos. [1, 2, 3]
- Frialdad y Planificación Metódica: No actuaba bajo arrebatos de ira o impulsividad descontrolada. Sus crímenes eran perfectamente calculados: la compra del tóxico, el estudio de la rutina de la víctima y la preparación del escenario demostraban un funcionamiento cognitivo estructurado y focalizado. [1, 2]
- Motivación (Ambiición y Codicia): Los análisis de su comportamiento criminal sugieren una marcada fijación por el estatus económico o el dinero fácil, lo que la empujó a sofisticar su método criminal de manera sistemática. [1]
3. Captura y Situación Judicial
Yadira Narváez Marín fue capturada en la terminal de transportes de Neiva el 26 de diciembre de 2011, cuando se disponía a abandonar la zona. Los indicios clave incluyeron pertenencias de las víctimas halladas bajo su control y documentos a su nombre que los familiares de los fallecidos descubrieron entre los enseres de los afectados. [1, 2]
Fue procesada por los delitos de homicidio agravado en concurso con hurto calificado y agravado. Recibió condenas acumuladas severas que superan formalmente los 100 años de prisión, siendo recluida para purgar su pena en el centro penitenciario del municipio de Rivera (Huila). Su caso permanece registrado en la criminología colombiana como un claro ejemplo de asesina serial femenina que instrumentalizó las armas de la seducción y los químicos letales para cometer hurtos sistemáticos

A Yadira Narváez Marín se le considera una asesina en serie porque cumple con el criterio criminológico fundamental de haber asesinado de forma consecutiva e independiente a por lo menos 5 o 6 personas mediante un modus operandi repetitivo y con un periodo de enfriamiento entre cada crimen. [1, 2, 3]
Las autoridades y los medios de comunicación en Colombia la bautizaron con los alias de «La reina de la escopolamina» o «La Burundanguera», y su perfil criminal se fundamenta en las siguientes razones: [1, 2]
1. El número de víctimas y patrones comunes
Narváez Marín fue vinculada directamente con el asesinato de entre 5 y 6 hombres mayores en un periodo relativamente corto de tiempo (especialmente durante el segundo semestre de 2011). Sus crímenes no fueron aleatorios; todos compartían el mismo tipo de víctima (hombres de avanzada edad) y las mismas zonas de operación, abarcando los departamentos de Caquetá, Tolima, Putumayo y Huila. [1, 2]
2. El Modus Operandi (Método de engaño y veneno)
A diferencia de los asesinos en serie que utilizan la fuerza física brutales, Yadira recurría a la manipulación sutil:
- Seducción y confianza: Se ganaba la confianza de hombres de la tercera edad que solían fijarse o enamorarse de ella.
- Uso de sustancias letales: Aunque su alias menciona la escopolamina, las investigaciones forenses determinaron que en realidad utilizaba carbofurán (conocido comercialmente como Furadan), un pesticida altamente tóxico que mezclaba camuflado en bebidas alcohólicas para intoxicar de muerte a sus víctimas. [1, 2, 3, 4]
3. Motivación económica (Lucro)
Sus crímenes estaban impulsados por la ambición y el robo. Una vez que el veneno neutralizaba o le quitaba la vida a la víctima, Yadira procedía a despojarla de sus pertenencias, dinero y objetos de valor. [1, 2]
Condena actual
Tras ser capturada, la justicia colombiana la halló penalmente responsable por estos hechos. En 2013, fue condenada a 35 años de prisión por los delitos de homicidio agravado en concurso con hurto calificado y agravado. Actualmente purga su condena recluida en el departamento del Huila. Su caso es ampliamente citado en la criminología del país por ser uno de los pocos y más letales perfiles documentados de mujeres asesinas en serie en la historia de Colombia. [1, 2, 3]
