Fredy Armando Valencia, el Monstruo de Monserrate

Fredy Armando Valencia Vargas, conocido públicamente como el «Monstruo de Monserrate», es uno de los asesinos en serie más notorios de la historia penal colombiana. Operó entre 2012 y 2014 en los cerros orientales de Bogotá, donde se confirmaron 11 cuerpos, aunque en sus confesiones llegó a adjudicarse el homicidio de aproximadamente 100 mujeres. [1, 2, 3]

Actualmente cumple una condena definitiva de 36 años de prisión en la cárcel La Picota. Su evaluación psiquiátrica forense realizada por el Instituto Nacional de Medicina Legal y Ciencias Forenses determinó el siguiente diagnóstico estructural: [1, 2]


🧠 Perfil Psicológico

  • Trastorno de la Personalidad Antisocial (TPA): Las valoraciones psiquiátricas determinaron de forma concluyente que Valencia padece de este trastorno. Presenta un desprecio estructural hacia las normas sociales, las leyes y los derechos fundamentales de los demás. [1, 2]
  • Total Imputabilidad: A pesar de sus conductas aberrantes, los peritos forenses demostraron que tenía plena consciencia de la ilicitud de sus actos. No padecía de psicosis, delirios ni rupturas con la realidad; planeaba, ejecutaba y ocultaba sus crímenes de forma completamente lúcida. [1, 2]
  • Ausencia de Empatía y Remordimiento: Manifestaba una frialdad emocional extrema. Al confesar los hechos, justificaba o racionalizaba sus actos traspasando la culpa a las víctimas por «no cumplir los pactos» o promesas acordadas. [1, 2]
  • Nivel Cognitivo Superior al Promedio de su Entorno: A diferencia de muchos habitantes de calle, Valencia cursó varios semestres de ingeniería industrial antes de abandonar los estudios debido a su adicción a las sustancias psicoactivas. Esto le otorgaba una capacidad analítica y de planificación superior, útil para eludir el radar policial por años. [1]

⚖️ Perfil Criminal

  • Tipología de Asesino en Serie: Es clasificado criminológicamente como un asesino en serie de tipo hedonista/sexual y de orientación cazadora geográfica (mantenía un punto de anclaje fijo). [1, 2]
  • Selección de Víctimas (Vitimología): Enfocaba su accionar exclusivamente en mujeres vulnerables. Elegía de manera instrumental a habitantes de calle y mujeres con graves problemas de drogodependencia. Sabía que la desaparición de estas personas tardaría semanas o meses en ser reportada o investigada activamente por las autoridades. [1, 2]
  • Modus Operandi:
    1. Captación: Utilizaba su rol de reciclador urbano para mezclarse en las «zonas deprimidas» (como el antiguo sector del Bronx) y perfilar objetivos.
    2. Atracción: Les ofrecía alimentación, ropa, un espacio techado en su cambuche del cerro de Monserrate y estupefacientes a cambio de favores sexuales.
    3. Ataque: Si las víctimas se negaban a sostener relaciones sexuales tras recibir los insumos, el criminal reaccionaba con furia destructiva. La causa recurrente de muerte era la asfixia mecánica mediante estrangulamiento. [1, 2, 3, 4]
  • Parafilias Asociadas: Los informes determinaron la presencia de conductas sádicas y necrofílicas. Sostenía relaciones sexuales de tipo no consentido tanto antes del deceso como después de este (necrofilia). [1]
  • Firma Criminal: La disposición de los cadáveres incluía prácticas repetitivas. Amarraba las extremidades de los cuerpos en posición fetal profunda, los envolvía en bolsas plásticas y costales de reciclaje, y los cubría meticulosamente con capas sucesivas de tierra, maleza y escombros de roca para mitigar la emanación de los fluidos de la descomposición orgánica.